Llegado el día mil, Sherezade, con hondo pesar, dijo: - Mi gran Rey, hoy no tengo historias para contarle. Pero el Rey perdonó a la doncella por narrarle el más corto de los relatos.
Una ciudad oscura. Trescientos treinta y dos mil muertes, asaltos y accidentes por año. Él coge a la bestia por el lomo, mira sus fieros colmillos y logra clavar su arma en el corazón casi sin vida.
Al terminar, nota que también ha sido herido.
"Debo descansar" , se dice, ocultándose nuevamente en la guarida.
Un café en pleno corazón de Park Avenue. Te sientas en la misma mesa de la misma área cómo cuando nos conocimos. Luces más bella que nunca, pero ahora un extraño toca tus manos. Se te nota triste, un tanto ojerosa, lloras. No es tanto mi desconcierto. Sólo intento darte un beso como otras muchas veces, aunque ésta vez, no sientas mis labios.